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martes, 9 de febrero de 2010

Las tres etapas de la primera infancia (y IV) DE LOS 3 A LOS 6 AÑOS Durante esta etapa de desarrollo, los niños empiezan a comprender que la mente es una herramienta que pueden usar. La conciencia del Yo aparece cuando se dan cuenta de que los demás pueden o no, hacer las mismas cosas que ellos., alrededor de los 3 años. La observación de la diferenciación de los demás es una fase crítica en su desarrollo, ya que el conocimiento fundamental del Yo, deriva de que el Yo es independiente y diferente. Adoptan, pues, una postura de oposición al resto, de autoafirmación, para remarcar esa diferenciación. Durante este periodo, los niños aprenden sobre sí mismos. ¿En qué se diferencian? ¿Qué define su individualidad? Una forma de satisfacer sus preguntas es animarles a dar pequeños pasos en el camino del autoconocimiento, como elegir la ropa que prefieren ponerse, por ejemplo, dejándoles equivocarse, ya que el descubrimiento de su Yo, se realizará mediante el método de ensayo-error. Puede experimentar también rechazo hacia algo muy deseado una vez que lo prueba, o aceptar lentamente un objeto o una situación que a priori no era de su agrado. Procuremos que el niño tenga oportunidades de evaluar diferentes experiencias a fín de descubrir posibles nuevos intereses. Objetos que respaldan esta exploración podrían ser:
  • Objetos que cuando se abren o separan, revelan otro aspecto (ej. muñecas rusas)
  • Objetos que encajan, de forma que se convierten en parte de uno mayor (ej. rompecabezas)
  • Objetos que tienen más de un uso (ej. cuchara que se convierte en catapulta, una hoja de papel en un avión...)

En cuanto al desarrollo físico, a esta edad va aumentando progresivamente el control de la motricidad. necesitan desarrollar una mayor coordinación motora, y de forma innata les gusta hacer equilíbrios, escalar, luchar, patinar, saltar y hacer acrobacias, por lo que haríamos bien en dejarles mucho sitio libre y sería ideal que dispusieran de espalderas o cuerdas colgadas, aunque si en la habitación hay unas literas, seguro que las aprovecharán.

Más adelante, sobre los 4-5 años, pasamos de la individualidad del periodo anterior a la integración en el grupo. Al principio, se limita a permanecer más tiempo en el mismo lugar, interactuando con otros niños en pequeños grupos, aunque no hay cooperación real. Al final de esta etapa comienza a preferir los juegos de grupo. Le encanta coleccionar cosas y mostrarlas a los demás. También le gusta mostrar sus trabajos escolares, de los que se siente orgulloso, por lo que es importante disponer de un lugar bien visible para exponerlos.

A esta edad, buscan la aceptación y admiración de los otros. Es la fase en la que se desarrolla lo que Freud denominó el superyo que es la representación de los valores de la sociedad. Simplificando mucho la cuestión, podríamos decir que el superyo es la asimilación de los deseos de los padres. En esta etapa, una recompensa puede ser una buena manera de ensalzar al niño que se esfuerza por alcanzar los estándares sociales. No con juguetes o dulces, sino con:

  • estrellas, que se siente orgulloso de lucir.
  • un suceso especial
  • una salida inusual (a un museo, un paseo para buscar piedras, por ejemplo)

Es un buen momento para investigar y desarrollar si es el caso, su interés en materias como las ciencias, la música o las artes. También para disfrutar con actividades basadas en la exploracón y la investigación.

Lo más difícil para los padres, quizá será separar su propio conocimiento personal del Yo del de sus hijos. Hay que ser consciente de nuestras propias filias y fobias y respetar los rasgos distintivos de cada uno de nuestros hijos.

Así, aunque más adelante, hacia los 6 años, tienden a representar roles, a imitar a personas o personajes con los que se identifican, investigando de nuevo diferentes posturas, los niños que crecen siendo conscientes de la diversidad de alternativas, así como de sus consecuencias, tienen un ego mayor y desarrollan la confianza suficiente para encontrar su propio camino.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Las tres etapas de la primera infancia (I) La infancia es una investigación constante que evoluciona por etapas de creciente complejidad. Debemos ser conscientes de estas etapas para proporcionar al niño las experiencias positivas asociadas a cada una de ellas. Si logramos comunicar adecuadamente las necesidades psicológicas y la evolución de la personalidad del niño con el contenido del mundo físico que lo rodea, podemos influir en el desarrollo de su autoestima y en su comportamiento. Las 3 grandes etapas de la primera infancia son: - De los 0 a los 18 meses. - De los 18 meses a los 3 años. - De los 3 a los 6 años. Iremos viéndolos y hablando de diferentes aspectos de cada uno de ellos, pues en cada etapa son distintas las cosas que podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a crecer en un entorno sano y estimulante. DE LOS 0 A LOS 18 MESES Durante esta etapa, el bebé carece del conocimiento del mundo más allá de lo que está directamente relacionado con sus necesidades primarias. Los niños recaban una gran cantidad de información a través del contacto físico con sus cuidadores mediante sus sentidos: el aroma, el tacto, el sonido y la vista. En esta etapa se construyen los fundamentos del sentimiento de seguridad que servirá al bebé para afrontar las adversidades durante el resto de su vida. El aroma Los bebés son muy sensibles a los aromas y habría que evitar cualquier aroma artificial en su entorno. Si tu perfume habitual es fuerte y no quieres prescindir de él, puedes ir acostumbrándolo aromatizando un poco sobre su ropa de cama, y al mismo tiempo te sentirá más cerca. También es interesante informarse sobre la influencia de determinadas fragancias naturales en los estados emocionales y físicos, lo que nos puede ayudar a mejorar una alteración del sueño o a equilibrar el estado de ánimo alterado de un niño que ha cogido una rabieta, por ejemplo.

viernes, 17 de julio de 2009

Declaración de intenciones Uno de mis temas de decoración preferidos, que espero compartir con vosotros, es la adaptación de nuestro hogar para conseguir una mayor calidad de vida. Y, dentro de este campo, me merecen especial atención los espacios dedicados a los niños. Demasiadas veces se ven abocados a pasar gran parte de su infancia y adolescencia en cuartos pensados para ofrecer la máxima capacidad de almacenaje, pero quizá no para proporcionarles las herramientas necesarias para ayudarles a crecer. Es esencial comprender la importancia que tiene crear un hábitat satisfactorio para lograr su bienestar. El espacio debería contribuir a potenciar las capacidades del niño, y una de las cosas que pretendo en este blog es analizar poco a poco cómo se puede moldear su entorno para conseguirlo. Un entorno ideal debería ofrecer a los niños suficientes alternativas para que puedan encontrar sus propios intereses y desarrollar las capacidades que les son características. Debería tener la estructura idónea para garantizar su seguridad y la suficiente cohesión para apoyar su desarrollo emocional; ser lo bastante complejo para suponer un desafío y, al mismo tiempo, ser lo bastante fácil de manipular para no frustrar su dominio del medio. No debe contener elementos que sirvan a funciones específicas, sino que debe ofrecer oportunidades para la experimentación, elementos que permitan al niño emplear la imaginación para darles un uso. Los niños, por su propia naturaleza, tienden a la curiosidad y a la investigación. Debemos rodearles de un ambiente que potencie esa búsqueda y, al mismo tiempo, los haga sentir seguros y protegidos. Todo un reto, ¿no te parece?